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Tecladista en el pasado de una de las iglesias más grandes de los EE.UU., Stacy Hord abandonó su estricta educación cristiana, se divorció de su esposo después de dieciséis años de matrimonio y comenzó a mantenerse fuera de su casa a todas horas de la noche, dejando a sus tres hijos varones adolescentes para que se defendieran por sí mismos.

En su espiral descendente hacia la desesperación, Hord cambió a sus amigos que iban a la iglesia por gente fiestera no cristiana, aunque siguió llevando y trayendo sus hijos al grupo de jóvenes de la Iglesia James River, en Ozark, Missouri.

Una mañana del año 2004, a las 2:30 de la madrugada, Hord tocó fondo mientras conducía hacia su casa después de haber bebido. Ella sabía que el estilo de vida que había adoptado un año y medio antes no podía ser el suyo y, sin embargo, se sentía tan apartada del Señor, que no sabía de qué manera regresar.

Ella sabía que necesitaba orar, pero no le salían las palabras. De manera que se limitó a invocar el nombre de Jesús, primero susurrándolo, y después gritándolo cuando estaba llegando a su casa.

Un par de noches más tarde, mientras ella entraba al estacionamiento de la iglesia, la madre de otros jovencitos del grupo de jóvenes se acercó a su auto. Hord se imaginó que aquella madre la quería regañar por no participar más en el desarrollo espiritual de sus hijos.

Sin embargo, lo que hizo la otra madre fue preguntarle si estaba bien. Le explicó que el Señor la había despertado dos noches antes a las dos y media de la madrugada para orar por ella.  

Fue en aquel momento cuando la hija pródiga comenzó su camino de regreso al hogar.

Educada en un ambiente legalista y protegido, Hord había asistido a un colegio bíblico fundamentalista a mediados de la década de 1980 y se había casado poco después.

No obstante, en su matrimonio faltaba siempre armonía. A pesar de haber ganado el título de Mrs. Missouri en 1997, Hord se había ido sintiendo cada vez más como si Dios no escuchara las oraciones en las que le pedía menos conflictos con su esposo. Finalmente, comenzó su rebelión cuando culpó a Dios por el fracaso de su matrimonio.

Después de su divorcio, su pastor le aconsejó que esperara por lo menos un año, y preferiblemente dos, antes de volver a salir con algún hombre. Pero Hord no hizo caso desde el principio del consejo del pastor, de manera que comenzó a salir con varios hombres que no eran cristianos y al mismo tiempo, alejarse de la iglesia.

«Yo deseché todo lo que sabía que era correcto», dice Stacy Hord, aún llorosa al recordar ese período tan doloroso. «No tenía carácter; yo sola, sin la ayuda de nadie, destruí mi reputación».

«Incluso cuando todavía estaba casada, yo pensaba que si encontraba al hombre correcto que me diera validez, entonces tendría validez», dice Hord. «Como mujer recién divorciada, seguí mi caza para encontrar esa validez a cualquier precio».

Después de volver al Señor, Hord pensó de nuevo la advertencia de su pastor, y pasó siete años sin salir con nadie. Se quería asegurar de que había sanado de sus malas obras, y de que les dedicaba tiempo a los hijos que había descuidado.

Hord, ahora una mujer de cincuenta y dos años y de aspecto juvenil, dice que siente que el Señor le puso un cerco alrededor, porque nadie le pidió salir con ella durante aquellos años. En el 2009, escribió un libro llamado A New Vision for Dating.

Ahora, que lleva trece años divorciada, los hijos de Hord ya son hombres: Dallas tiene 28 años; Dalton, 25 y Dylan, 23.

Tim D. Keene, pastor retirado miembro del personal de la iglesia, ayudó a pastorear a Hord en su proceso de restauración.

«Su regreso como mujer piadosa está demostrado en la vida de sus hijos», dice Keene.

Hord dice que ha aprendido a confiar en la provisión y en los tiempos del Señor.

Hace ya una década, regresó al liderazgo laico de la iglesia James River, y sirve en el equipo de oración como facilitadora de Living Free. También da charlas en los grupos de mujeres.

«Ha sido muy resuelta en su regreso para seguir a Cristo», dice Keene. «Ha sido fiel en su labor con personas que tienen problemas que les controlan la vida».

Hord, quien se convirtió en asistente ejecutiva en la Universidad Evangel hace tres años, dice que se siente realizada al hablarles a las mujeres que están a punto de divorciarse, instándolas a que examinen su propio corazón en su relación matrimonial, en vez de dedicarse a echarle las culpas a su esposo.

«Yo era arrogante y farisaica con mi esposo, porque me creía que era mejor cristiana que él», dice Hord. «Lo retiré la gracia. Pero la gracia es un agente de cambio».

Su amiga Kim Bateman nunca dejó de orar por ella durante su tiempo alejada del Señor.

«Yo aplaudo el que ella haya sido transparente con respecto a su historia», dice Bateman, agente de bienes raíces que lleva treinta y dos años de casada. «Yo oraba durante sus batallas para que el conocimiento que tenía en la cabeza cayera hasta su corazón. Hoy en día, es una persona espiritualmente profunda».



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