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“Papá es el que sabe”, según el viejo adagio. Sin embargo, la cultura de hoy parece promover la idea de que los padres no saben nada. Mientras que un trágico número de hombres se pierden en combate en lo que concierne a su familia, otros anhelan convertirse en los líderes y modelos de conducta que Cristo los llamó a ser. ¿Cómo pueden los padres recuperar su posición de influencia piadosa? Con el fin de explorar este tema tan complejo y cargado de emociones, George Paul Wood, director ejecutivo de Enrichment, entrevistó a Roger Gibson, director ejecutivo de los Ministerios de Adultos y Familias para las Asambleas de Dios, en Springfield, Mo.; Carey Casey, Director Ejecutivo del Centro Nacional para la Paternidad, en Kansas City, Mo., y Glenn Stanton, director de Estudios sobre la Formación de Familias de Enfoque a la Familia, en Colorado Springs, Colo.

Con demasiada frecuencia, las entrevistas acerca de la paternidad comienzan por lo negativo, y pensé que sería mejor comenzar poniendo algunos fundamentos más positivos. ¿Por qué son importantes los padres?

Gibson
Casey
Stanton

CASEY: El título de padre lo recibimos de Dios. No quiero subestimar en ningún sentido a las mujeres o a las madres, pero fue Él quien nos dio a nosotros ese nombre; nos dio su corazón. En Malaquías 4:6, el último versículo del Antiguo Testamento, dijo que Él haría volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres; de lo contrario, la tierra seguiría en maldición.

Dios se siente igualmente emocionado por el hecho de ser nuestro Padre. Y los padres aman realmente a sus hijos y los quieren ayudar.

STANTON: El punto de partida es que Dios se revela a sí mismo como Padre, pero como el Padre de Jesús. Como suelo decir, esto no es simplemente un tema constante. Es quien Él es realmente, y eso es lo que siente su corazón hacia nosotros.

Se necesita la contribución de un varón para crear una nueva vida humana, pero la paternidad va mucho más allá de eso. Y los padres contribuyen a la vida de sus hijos, tanto niños como niñas, de formas únicas; formas en las que sencillamente, las madres no pueden contribuir. Esto no se debe a limitación alguna en las madres, sino a que Dios nos creó varón y mujer para mostrar su imagen completa. Existen características divinas en la femineidad de una mujer, y en la masculinidad de un hombre. Aunque estas características se manifiestan en la creación de una vida nueva, también se manifiestan en la formación de esa vida hasta su madurez; hasta una humanidad real y completa, ayudando a las niñas a convertirse en grandes mujeres y a los niños en grandes hombres. Los padres son irreemplazables.

¿Cómo contribuyen los padres al bienestar espiritual de sus hijos?

GIBSON: Cuando tenemos nuestros hijos, queremos que al crecer lleguen a amar a Jesús. Siempre se nos habla de ayudar a un niño a tener seguridad en sí mismo, pero en realidad nosotros educamos a nuestra familia basados en la seguridad en Dios y en Juan 15:5. Les enseñamos que separados de Él no podemos hacer nada.

Yo quería realmente que mi hijo supiera lo que significa convertirse en un seguidor de Jesús totalmente entregado a Él. Quiero educar a mi hija para que se convierta en una mujer llena del poder del Espíritu, y para que sepa cómo es un hombre de Dios, de manera que pueda esperar eso de los hombres que haya en su vida.

STANTON: Los hijos, y en particular nuestros hijos varones, necesitan ver a un padre que es fuerte y puede tomar el control de una situación, pero al mismo tiempo, cuando se acerca al Señor es humilde y respetuoso. Y es humilde cuando se tiene que disculpar ante alguien. Él es un servidor.

Para nuestros hijos, estas cosas son sermones poderosos en muchos aspectos. A las niñas les enseñan respeto: “Mi padre me respeta; me honra y respeta a otras mujeres. A la que más respeta es a mi madre”.

En cuanto al hijo, se le está enseñando cómo debe comportarse. Y lo quiere hacer no tanto porque sea lo correcto, sino que quiere hacerlo porque vio a su padre hacerlo primero.

En 1996, David Blankenhorn publicó su obra Fatherless America [“Estados Unidos sin padres”]. En ese libro escribió: “La falta de padres es la tendencia demográfica más dañina de esta generación”. Hemos hablado de lo que contribuyen los padres al bienestar general de sus hijos, física, emocional, social y espiritualmente. ¿Cuál es el daño que produce la carencia de un padre?

STANTON: Las investigaciones realizadas son extensas, diversas y sólidas. En todas las medidas importantes del bienestar de los hijos, tanto niños como niñas, la paternidad desempeña un papel muy positivo.

Un niño que vive sin padre tiene posibilidades significativamente mayores de vivir en pobreza. La carencia de un padre causa un impacto en la proporción de graduaciones, en el desempeño escolar, en el bienestar psicológico y físico, en la participación en actos delictivos, en los embarazos durante la adolescencia, en la asistencia a las universidades, y en muchas cosas más. Los padres desempeñan un papel inmenso.

CASEY: Y cuando vemos lo que está pasando en una gran cantidad de comunidades urbanas, donde nacen tantos niños fuera del matrimonio, vemos la pobreza, una alta proporción de jovencitos que dejan la escuela y jovencitas que quedan embarazadas durante su adolescencia. De manera que esa es la verdadera razón por la que tenemos que batallar y luchar para lograr que los padres participen en la vida de sus hijos. Aunque estén divorciados, no por eso se habrán librado de su responsabilidad.

También las iglesias pueden ayudar. Los varones pueden proporcionar una figura paterna a los niños de sus vecindarios y comunidades.

A fines de los años sesenta, el líder político Daniel Patrick Moynihan fue probablemente la primera persona en darse cuenta de este problema. Pero pienso que el libro de Blankenhorn es una especie de punto de referencia. ¿Se ha producido alguna mejora en la situación desde que escribió Blankenhorn, o ha empeorado la crisis de la ausencia de padres?

STANTON: En cuanto a los números, es algo triste e insano. Cuando Moynihan publicó su informe en 1965, y yo animaría a las personas a leer ese informe buscándolo en la Internet, la proporción de niños nacidos fuera del matrimonio en la comunidad afroamericana era del veinticinco por ciento. Ahora ha aumentado a una proporción entre el setenta y cinco y el setenta y nueve por ciento. En la comunidad caucásica es de alrededor del veintinueve por ciento. Y los números empeoran cada vez.

Tenemos la buena noticia de que esta proporción de niños sin padre no está subiendo con tanta rapidez como en el pasado. Sin embargo, tenemos que hacer algo para revertir estas cifras.

¿De qué maneras prácticas los varones cristianos se pueden convertir en unos mejores padres?

GIBSON: Una de las cosas más importantes que podemos hacer por nuestros hijos es hacer que nuestro hogar sea un hogar centrado en el matrimonio. El padre necesita asegurarse de que su matrimonio reciba prioridad, y que sus hijos sepan que su relación con su esposa, no sólo tiene la mayor importancia para él, sino que está comprometido con ella de por vida: hasta que la muerte nos separe.

Para los niños es un gran beneficio el tener un padre y una madre que estén felizmente casados, y en comunión con Dios. Los hijos varones ven cómo un esposo trata a su esposa y la honra. Las hijas ven cuál es el aspecto que tiene un esposo que es un varón de Dios. Y el esposo guía el hogar, no sólo al amar a su esposa, sino también al ser un mentor espiritual en el hogar; un hogar que está compartiendo lo que significa amar a Dios y amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos. Y esos son los mayores entre todos los mandamientos.

Otro aspecto que es realmente importante para los varones cristianos es el de servir. Yo soy un gran defensor de las misiones en familia, y de que salgan a servir juntos. Cuando los hijos están sirviendo, y ven a su padre guiándolos y a su madre feliz, esto realmente contribuye mucho a favor de su crecimiento espiritual.

¿Qué podemos decir de los hombres cristianos que están, por ejemplo, divorciados de la madre de sus hijos, o que nunca se han casado, y también cuando se tienen que convertir en padrastros al casarse con una mujer que ya estuvo casada? ¿Qué necesitan tener presente esos hombres para ser buenos padres?

CASEY: Este puede ser un proceso de perdón y reconciliación. Las familias mezcladas siguen necesitando de la misma prioridad de asegurarse que honran a la antigua esposa y a la actual, de manera que los hijos puedan ver de nuevo que todos debemos honrar el matrimonio, y que el matrimonio es algo bueno. Fue Dios quien creó y dispuso el matrimonio. Así que incluso si el matrimonio se ha roto, los hijos siguen necesitando ver que es algo honorable.

¿Qué pueden hacer los varones cristianos para servir a los hijos sin padre que hay en sus iglesias y en sus comunidades?

CASEY: Piense en la grandeza de lo que Dios estableció en la vida. Primero que todo, el matrimonio, la institución y el pacto del matrimonio, incluso antes de establecer la iglesia. Pero después estableció la iglesia para que nos reunamos, a fin de aprender de Él.

El índice de divorcios es simplemente astronómico en los Estados Unidos; esto es algo que todos sabemos. Hay tantos hijos que no tienen padre, y esos hijos andan buscando amor. Lo van a buscar en algún lugar. Si queremos reducir el número de hijos sin padres en Estados Unidos, tenemos que mirar más allá de nuestras fronteras. La iglesia tiene una gran oportunidad. Y por tanto, tenemos que interesarnos en nuestra comunidad. Tenemos que estar decididos a salir de entre nuestras cuatro paredes.

Aquí, en el Centro Nacional para la Paternidad tenemos un programa al que llamamos “Guardianes”. Los padres de los alumnos se toman un día libre al año, y lo pasan en la escuela de sus hijos. Y hay niños allí que no tienen padre, pero ven a este hombre caminando por los pasillos, leyéndoles a sus hijos y cosas así. De manera que tenemos grandes oportunidades para ofrecernos como voluntarios. Eso es lo que tiene que suceder en Estados Unidos. No tenemos que gastar grandes cantidades de dinero, sino que tenemos que estar presentes para servir. Yo creo firmemente que la iglesia local es el mecanismo que Dios quiere usar para ayudar a los niños sin padre de nuestras comunidades.

¿Deberían los hombres buscar algunas instituciones en particular, en las cuales puedan marcar realmente una diferencia en la vida de los niños, en especial los que no tienen padre? ¿Existen prejuicios sutiles contra la idea de que los hombres participen en la educación primaria, o en estas otras cosas?

GIBSON: Necesitamos más varones, varones sanos, presentes donde estén los niños. Yo aprendí realmente esto cuando estuve en Uganda. Un pastor de Uganda me preguntó: “¿Por qué envían a las mujeres a hacer el trabajo que les corresponde a ustedes los hombres?”

A lo que él se estaba refiriendo era a estar presentes para moldear a los niños y a los hijos. Es una realidad que necesitamos que seamos más los hombres que estemos presentes.

¿Cómo puede fomentar la iglesia mejores prácticas de paternidad por medio de sus diversos ministerios?

GIBSON: Para que los varones se involucren, hace falta que sientan que los necesitan. Necesitan sentir que forman parte de la solución. La primera pregunta que deben hacerse los varones en las iglesias es ésta: Ahora que me tienen aquí, ¿dónde me van a llevar?

Por tanto, en el desarrollo espiritual de la vida de un hombre, a medida que su corazón se está desarrollando para ser un reflejo mejor de Jesús, la iglesia puede establecer programas, ministerios y oportunidades en los cuales se necesite a los hombres. Yo tuve el privilegio de dirigir un viaje misionero. Fui a Etiopía hace cinco años, y me destrozó el corazón ver la falta de hombres que hay en esa nación. Y lo que realmente me dolió fue saber que cuatro de cada cinco huérfanos lo son a causa de la pobreza. Tienen un padre, y tienen una madre, pero el padre está ausente.

En Uganda, donde el pastor me preguntó por qué los hombres de Estados Unidos mandan a sus mujeres a hacer por ellos el trabajo que les corresponde, nosotros comenzamos un ministerio llamado “Varón Dispuesto”. La idea es responder al llamado de ir a amar a los que no tienen padre. Cuando comencé Varón Dispuesto, tenía la esperanza de que por lo menos doce hombres se presentaran voluntarios, para no quedar tan avergonzado de tener que cancelar el viaje. Sin embargo, mi gran oración era que aparecieran quince hombres: “Señor, si podemos conseguir quince hombres, eso sería estupendo”. Dios nos bendijo con treinta hombres. Fuimos de orfanato en orfanato, y de viuda en viuda, y todo lo que hicimos fue amar grandemente a los hijos.

Siento realmente que fue Dios quien  hizo esto. Pero cuando comenzamos a promover esta necesidad, dijimos: “Si a ustedes les gusta jugar, todo lo que ellos necesitan es alguien que juegue con ellos a lanzar y atrapar pelotas, que juegue con autos en miniatura y les manifieste amor”.

Los hombres se comprometieron. Yo estaba asombrado. Así que aquí es donde necesitamos comenzar a hacer un trabajo mejor en el reclutamiento de hombres cristianos. Necesitamos ver quién está necesitado, y hacerles saber a esos hombres que se necesita su ayuda.

CASEY: Yo creo realmente que los varones tienen lo que hace falta. Por supuesto, la cultura dicta muchas veces que se nos vea como bufones, y si no estamos a la altura, estamos ausentes. Por eso hay tanta negatividad en el ambiente. Creo que desde el púlpito necesitamos comunicar mensajes positivos, y hacer ver la gran necesidad de que los varones o los padres demos un paso al frente, y veamos que se necesita realmente el papel sacerdotal que tenemos; que somos alguien, y que somos aquellos de los que se supone que seamos los líderes.

Entonces, cuando nos reunamos, necesitamos darnos ánimo unos a otros. Cuando alguien pierda su trabajo, que pueda estar en un grupo donde otros hombres lo puedan ver y decir: “Oye, permíteme ayudarte a redefinirte en cuanto a desempeñar un trabajo”.

Si usted está pasando por un proceso de divorcio, no lo esconda. Cuando se produce un divorcio, siempre hay vergüenza y culpabilidad, pero los otros varones nos pueden apoyar. Cuando alguien se lesiona, vayan ustedes a ver al entrenador. Él tratará de hacer que vuelva al campo de juego. Y necesitamos hacer esto como hombres; no debemos permitir que se quede ni uno más tirado junto al camino.

¿Algunos pensamientos finales acerca de la paternidad?


STANTON:
Lo básico para los padres es comprender que el noventa y ocho por ciento de todo consiste solamente en estar presentes. El hecho de que un padre esté en el campo de juego puede marcar una inmensa diferencia. Mi padre participó mucho en nuestras vidas, pero lo típico era que lo hiciera de acuerdo con sus principios, haciendo lo que él quería hacer. Sin embargo, uno de los mejores recuerdos que tengo es que cada dos semanas cortábamos el césped y los bordes, lo limpiábamos, y él nos llevaba al 7-Eleven a mí y a mis hermanos. Nos compraba batidos a todos, y volvíamos a casa, nos sentábamos bajo el árbol del patio, descansábamos y todo lo que hacíamos era conversar.

No creo que mi padre pensara que aquello fuera ningún momento dorado en su paternidad, pero para nosotros era un momento muy valioso, porque nos entregaba su tiempo. No lo programaba alrededor de algo “especial”. Sólo se trataba de estar con él. Y como sabes, no se tiene que ser experto en cohetes espaciales para eso. Sólo tienes que estar presente y dedicar tiempo a tus hijos.


Tomado de Enrichment Journal. Usado con permiso. Lea este artículo en inglés aquí.


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